Aceite esencial de Árbol de Té

El árbol de té es una planta aromática cuyo aceite posee unas propiedades medicinales excepcionales, destacando sobre todo por su efectividad para combatir las infecciones provocadas tanto por hongos, como por virus y bacterias.

Reconocido por sus múltiples virtudes, el aceite esencial de Árbol de Té (Melaleuca alternifolia) es uno de los aceites esenciales más utilizados en la medicina tradicional. El Árbol de Té es un ingrediente utilizado actualmente en la elaboración de productos cosméticos y dermatológicos debido a sus efectos protectores de la piel frente a infecciones, así como ampliamente utilizado en gastronomía por su capacidad de aromatizar.

Algunas de las propiedades más conocidas

  • Antiséptico
  • Antibiótico
  • Antivírico
  • Antibacteriano
  • Antiinflamatorio
  • Antifúngico
  • Fungicida
  • Insecticida
  • Expectorante
  • Cicatrizantes de heridas y cortaduras

Principales usos del Árbol del Té

  • Acné
  • Verrugas
  • Piojos y liendres
  • Pulgas y Garrapatas
  • Heridas y quemaduras leves
  • Herpes labial
  • Resfriados, Bronquitis, Congestión nasal
  • Dolor de garganta
  • Hemorroides
  • Hongos de uñas y tiña
  • Psoriasis, dematitis y alergias
  • Cortes y heridas
  • Quemaduras leves
  • Pie de atleta
  • Repelente para mosquitos
  • Cuidado del bebe
  • Malos olores
  • Prevención del moho
  • Desinfectar Cepillo de dientes
  • Desinfectante de manos
  • Cómo Desodorante
  • Limpieza y desinfecta

La Planta, Orígenes

Es un arbusto o árbol pequeño que alcanza los 5 metros de altura. Hojas estrechas y aromáticas, lineares, 10-35 mm de largo y 1 mm de ancho. Las flores blancas crecen en espigas de 3-5 cm de largo y el fruto del árbol es pequeño en forma de copa y mide 2-3 mm de diámetro.

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El Árbol del Té es nativo de Australia en terrenos húmedos y pantanosos de la costa norte de Nueva Gales del Sur. El capitán James Cook le puso el nombre a este árbol en 1770, después de encontrar que sus hojas aromáticas y resinosas hacían de él un substituto satisfactorio apropiado del té, derivando así su definición del uso que se da a sus hojas en su lugar de origen.

Ciento cincuenta años después, en 1920 un químico del gobierno de Australia llamado Dr. Arthur Penfold estudió las hojas del árbol del té y descrubrió sus propiedades antisépticas. Posteriormente el árbol del té se convirtió en un tratamiento estándar en Australia para la prevención y el tratamiento de las infecciones por heridas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Australia clasificó el aceite del árbol del té como una comodidad esencial y exentó a los productores del servicio militar. Sin embargo, después de la guerra, el incremento en el uso de los antibióticos farmacéuticos redujo ampliamente el uso del aceite del árbol del té con excepción de Australia. El aceite del árbol del té empezó de nuevo a recuperar su popularidad a partir de 1960, cuando la investigación de sus propiedades se extiende por todo el mundo. Actualmente, la Melaleuca alternifolia también se cultiva en California.

Composición química

El principio activo es el aceite esencial (Melaleuca alternifoliae aetheroleum), un líquido transparente, de incoloro a color ámbar pálido, con un olor fuerte característico. Se obtiene de las hojas y ramas frescas por destilación. Este aceite es una mezcla compleja de un centenar de componentes.

Los principales componentes químicos son alcoholes mono y sesquiterpénicos:

  • Terpineno-4-ol (29–45%)
  • γ -terpina (10–28%)
  • α -terpina (2,7–13%)
  • 1,8-cineol (4,5–16,5%)

Propiedades y Usos generales

Las propiedades del árbol del té se deben al aceite esencial que contienen sus hojas. El presente conocimiento de las propiedades y usos del árbol de té se basa en la amplia tradición en su empleo por parte de los aborígenes australianos, aunque, recientemente ha sido exhaustivamente investigado con métodos científicos que avalan que se trata de un aceite inusual en el sentido de que es activo contra los tres tipos de organismos infecciosos: bacterias, hongos y virus con un efecto bactericida, fungicida y antivírico. Asimismo, se demuestra su efecto como un excelente inmunoestimulante de forma que cuando el organismo se ve amenazado por cualquiera de estos microorganismos, el árbol del té aumente su capacidad de respuesta frente a los mismos.

También ejerce un efecto cicatrizante y regenerador, antiinflamatorio, desodorante y, por inhalación, expectorante y balsámico. Sus propiedades antisépticas, fungicidas y anti-acnéicas son aceptadas y reconocidas por el departamento de sanidad Australiano.

Por contacto u aplicación tópica puede eliminar muchas bacterias, virus y hongos de forma que no resulta un antibiótico en el sentido de la palabra pero sí puede considerarse como una alternativa natural con un resultado altamente antiséptico.

Los estudios recientes han sugerido su utilidad en el tratamiento del pie de atleta y otras infecciones por hongos de la piel y uñas.

El árbol de té también es recomendado para el tratamiento del acné como alternativa a los tratamientos convencionales más agresivos aunque menos efectivo a corto plazo. También se ha evaluado su eficacia para el tratamiento de la caspa con una reducción de los síntomas a priori que permitiría su uso en lociones o champús. Otras aplicaciones se resumirían en casos de eczema o psoriasis debido a su acción altamente dermoprotectora.

Debe considerarse que su uso por vía tópica resulta bastante seguro aunque podrían darse sensibilizaciones particulares a los componentes. Al igual que otros aceites esenciales, puede ser tóxico por via oral considerando dosis excesivas y la recomendación se basa en evitarlo. Dichas advertencias para la seguridad del usuario se incrementan utilizando productos de marcas reconocidas formulados especialmente para el propósito que se persiga alcanzar y tomando en consideración las dosis recomendadas para el uso del aceite esencial.

Para destacar los usos populares y tradicionales, las aplicaciones a nivel epidérmico del aceite del árbol del té se resumen en el tratamiento del acné, pie de atleta, quemaduras, herpes, caspa, picaduras de insectos, pieles grasas, erupciones cutáneas, granos, verrugas o heridas infectadas; a nivel respiratorio se ha utilizado para el tratamiento del asma, bronquitis, catarro, tos, sinusitis, tuberculosis y tos ferina; a nivel génito-urinario se ha utilizado contra la candidiasis, vaginitis, cistitis y prutitos; finalmente, a nivel del sistema inmunológico su efectividad como estimulante se centra en el tratamiento del resfriado, fiebre, gripe y algunas enfermedades infecciosas como la varicela. También se ha utilizado en la fabricación de jabones, dentífricos, desodorantes, desinfectantes, gargarismos, germicidas y, cada vez más, en lociones para después del afeitado y colonias de fragancia especiada.